La única búsqueda:
El camino innombrablePor: Diego Mora
El camino que puede ser nombrado no es el camino
Lao Tsé
Confío en que el lector pueda volver a unir en su corazón
lo que yo he separado artificialmente en la tinta
Claudio Naranjo
Resumen
A partir del análisis del libro “La única búsqueda – Hacia una metodología comparada de los caminos de la conciencia” de Claudio Naranjo surge este texto, el cual ahonda en sus tres primeras partes en un resumen crítico de sus contenidos, y una cuarta parte y final que “escoge” un camino en particular: el camino creativo, más específicamente, el camino de las letras; donde el autor expone algunas visiones sobre “la palabra”.
I. Introducción-iniciación
El camino es uno y muchos a la vez, y cada quien debe descubrir el suyo, si de verdad busca la autenticidad. Como todo ritual, este proceso debe tener una etapa de iniciación. Pero ya desde aquí se plantean las primeras “contradicciones”. Paradójicamente, es la iniciación la etapa más complicada, pues para darse requiere en impulso inicial que sólo puede nacer de la propia persona. Lo demás es mera canalización de dicha energía primigenia.
Dice Rimponche: “No hay nada secreto en el proceso de iniciación, pero todo el mundo tiene que experimentarlo por sí mismo. Al intentar explicar lo que está más allá de las palabras sólo conseguiremos arrastrar lo sagrado al nivel de lo profano, perdiendo así nuestro propio dam-ts’hig
[1] sin beneficiar a otros” (En: Naranjo, 1994; p.150).
“Pegar hojas muertas en las ramas es crear una satisfacción falsa” – dice Naranjo, refiriéndose a la cultura contemporánea que busca en lo artificioso lo sublime. Y continúa: “El valor del árbol en invierno no radica en sus hojas o flores, sino en su función de laboratorio silencioso, en su retirada dentro de sí” (Naranjo, 1994; p.13).
Esta interiorización puede ser entendida como crecimiento personal, auto perfeccionamiento o el cambio de personalidad, que para Naranjo puede ser abordado ya sea a través de la psicoterapia, del misticismo o de la educación experimental.
No pretende el autor dividir en estas tres categorías los caminos, sino, parafraseando a Huxley: “El hombre es un anfibio que vive en muchos mundos al mismo tiempo: el de la razón, percepción, del movimiento, de la actividad visceral, el de las posibles experiencias místicas. Pero la educación ha insistido tan sólo en el desarrollo de la razón, y ahora muchas de nuestras facultades duermen o funcionan mal” (En: Naranjo, 1994; p.19).
Es en este sentido que se plantea más bien la integración de estos aspectos, en pos de una búsqueda más equilibrada, lo cual sin duda obliga al individuo a tomar distancia de los métodos ortodoxos, institucionalizados y deformados que son los que se nos imponen socialmente.
Scholem bien lo resume: “La sustancia de lo prodigioso se encuentra con más frecuencia en la prosa de lo secular que en la poesía de la religión” (En: Naranjo, 1994; p.20). Esto quiere decir que por medio de los caminos tradicionales será más complicado alcanzar la Verdad, ya que por su carácter “oficial” ha perdido la esencia que le dio origen, manteniendo solamente una estructura vaciada de contenido, sostenida por la cotidianidad y la ausencia de revelación.
Como dice Daniel Coleman (1997): “El fundador y los primeros seguidores de todas las religiones del mundo tuvieron experiencias de estado alterado: Moisés y su recepción de las Tablas de la Ley, la vigilia de cuarenta días de Jesús en el desierto, las visiones en el desierto de Alá y la iluminación de Buda bajo el árbol Bo, todo esto indica estados extraordinarios de conciencia” (p.25).
Ahora, bien, ¿qué sucede luego de estas revelaciones? Coleman agrega: “Estos estados alterados inspiraron iglesias, monasterios y órdenes monacales, y han engendrado teologías. Pero con demasiada frecuencia las instituciones y las teología duran más que la transmisión de los estados originales que las engendraron. Sin estas experiencias vivas, las instituciones son inútiles y las teologías están vacías” (ídem).
Desde este punto de vista, la crisis moderna de las religiones se debe a la ausencia de una experiencia personal con Dios. Todo está mediatizado, colectivizado, globalizado. En este caos, encontrar la Verdad se hace difícil, con tanto estímulo, no podemos distinguir, por lo que dejamos que otros decidan por nosotros, y al final nos perdemos la oportunidad de crecer como seres de luz. Dice Shiva Purana que el sabio ve en su corazón la cara de dios, y no en la imágenes de piedra y barro. “Quienes en sí mismos no pueden verle, tratan de encontrarle en algún lugar externo” (En: Naranjo, 1994; p.169).
Pero el valor está en la búsqueda -dice Naranjo- en la exploración del caos y de las identidades, en la renovación de los significados. “Por primera vez los fisiólogos y psicólogos han empezado a hablar de la ciencia de la conciencia” (p.23).
Es alentador saber que la ciencia más conservadora ha empezado desde hace más de medio siglo a abrirse a estas posturas antes consideradas peyorativamente como “esotéricas”, o con términos igual de prejuiciosos como “parapsicología”, “arte adivinatorio”, “posturas acientíficas”. Podría seguir la lista de términos estereotipados, pero desde el desarrollo de la mecánica cuántica, de la cibernética, de la neurofisiología, muchos han tenido que reconocer que la conciencia es mucho más que un término abstracto. Han sido muchos los precursores, de áreas diversas, pero con un mensaje de fondo similar: “Todo crece y se extiende, nada, pues, se destruye, y morir es distinto de lo que suponemos, y de mejor fortuna” (Whitman, 1995).
Nada sucede por casualidad. Existe una telaraña histórica que va hilando nuestras conciencias. Entramos a la Era de Acuario después de dosmilsesenta años de influencia neptuniana con el propósito de corregir y seguir la evolución. Los niños índigo caminan entre nosotros, la necesidad de desarrollo personal unido a la tecnología, ha tenido como consecuencia el acceso a una variedad de métodos psicoterapéuticos, educativos o místicos hasta ahora desconocidos. Estas nuevas posibilidades son asumidas cada vez con más apertura y disposición, generando una renovación espiritual que de nuevo está equilibrando la energía del planeta, tan maltratada en los últimos siglos.
Para Naranjo, quien ha investigado las diferentes tendencias en busca de la unificación
[2] desde 1968 en la Universidad de Stanford, existe un “mapa maestro”, el cual no se basa sólo en la deducción. “Podría decir que en ocasiones he visto el mapa o he vislumbrado algunas partes y notado cómo encajan mutuamente. En esos momentos he visto conexiones entre recursos psicoterapéuticos diferentes o similares que he conocido, e incluso he tenido la impresión de que son las misma cosa bajo diferentes premisas” (Naranjo, 1994; p.32).
Todos estos cambios ocurridos en el siglo pasado, pero que se nutren indudablemente de toda la historia humana y todavía más allá, han llevado a una reinterpretación del papel del psicoterapeuta en la sociedad. “Más que la curación de un mal, el psicoterapeuta ha llegado a reconocer la existencia de un vacío que necesita ser llenado, un vivo deseo de algo más” (Naranjo, 1994; p.48).
Ya no se trata sólo de curar síntomas físicos o emocionales de origen psíquico, sino ante todo ayudar al individuo a encontrar la vida que es apropiada para él, “lo mismo que la filosofía y la religión han venido haciendo durante siglos, antes de impregnarse de especulaciones abstractas y dogmas autoritarios” (Naranjo, 1994; p.53). Es entonces que aparecen métodos integradores para el desarrollo humano, donde parece que por fin todos los caminos son vislumbrados como ríos que desembocan en un mismo océano.
II. Estación Central: El Método de desarrollo humano
Este es el punto de encuentro de las diversas técnicas, ejercicios y procedimientos estudiados por Naranjo y colaboradores, quienes han tratado y clasificado algunos caminos a partir de cuatro objetivos (voluntad, sentimientos, sabiduría y conciencia):
Caminos de acción: acción correcta (lo que se hace), obrar correcto (cómo) y armonización (desarrollo de la voz interna).
Caminos de sentimiento: devocional, catártico y ascético.
Caminos del conocimiento: fe, confianza en la evidencia (negativo) y la experiencia (creativo).
Caminos de conciencia: ayuno, estados internos negativos y medios químicos y/o metabólicos
Naranjo estableció doce métodos, resultantes de la división triple de cada uno de los cuatro caminos de acción, sentimientos, conocimiento y conciencia, los cuales convergen en la meta del ser humano completo. Se trata, calro está, de una tentativa, una propuesta, la cual no debe ser malinterpretada como exacta, mucho menos como la única, pues nada estaría más alejado de su intención, la cual es arbitraria, pero sirve de bosquejo, de sendero para los “legos” o los aprendices. Se trata de un esquema, un ordenamiento del caos temporal para iniciados.
Hay ciertos puntos elementales a la hora de empezar el viaje hacia nosotros mismos. En una cultura en la que la gente ha estado efectuando rituales vacíos durante demasiado tiempo, la primera tarea de la psicoterapia es la de liberar al individuo de esa muerte y de esa carga embotadora, y hacerle así receptivo a las voces internas. El primer paso es la disposición, la apertura. A propósito, la siguiente historia zen:
La historia del maestro Nan–In y su aprendiz.
Nan-In sirvió el té. Cuando la taza del visitante estuvo llena, siguió echando.
El profesor observó el derramamiento hasta que ya no pudo contenerse:
“Está rebosado. ¡Ya no cabe más!”
“Igual que esta taza –dijo Nan-In- tú estás lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo te voy a mostrar el zen si no vacías primero tu taza?”
Un segundo paso es el enfoque en la acción, pero no en cualquiera, sino en una acción específica. Haridas Chaudhuri dice al respecto que “Ningún hombre puede nunca dejar de actuar. La cuestión es si está ocupado en alguna acción fructífera o en la acción sin sentido” (En: Naranjo, 1994; p.72).
La veneración de la Madre Divina implica la apreciación de la presencia de una profunda sabiduría en la naturaleza, tanto externa como interna. He aquí el tercer paso. Hay un principio operativo de inteligencia cósmica en la naturaleza externa. Este principio controla el proceso de evolución cósmica. “Igualmente, hay una sabiduría profunda inherente a la naturaleza interna del hombre, en el psique inconsciente, que determina secretamente su evolución interna” (Naranjo, 1994; p.80-81).
Ya para este momento, el iniciado debe haber aprendido a transitar por el sendero, por lo que debe ahora elegir entre una serie de caminos. Se le presentan a continuación algunos caminos de auto-conocimiento
[3] (Naranjo, 1994; p.82-86):
Técnicas de descondicionamiento de la terapia de conducta.
Juegos de teatro y representación de roles.
Grupo de encuentro básico.
Proceso de armonización.
Estados alterados de conciencia por drogas.
Grupos de Subud
[4].
Educación artística.
En el ámbito de los sentimientos, como en la acción, se persigue un ideal, desde tres formas distintas (Naranjo, 1994; p.97-98):
Cultivar los sentimientos básicos y eliminar los negativos negándoles la atención.
Catarsis, deshaciéndose de sus escombros psicológicos dándoles expresión.
Arte: camino intermedio, ya que permite expresar ambas formas.
La selección de esta forma depende de las características de la persona, y debe ser una elección natural, diríamos casi intuitiva. Nadie nos debe obligar, aunque en ocasiones descubrirlo nos toma incluso años, en los cuales se prueba por “ensayo y error” que muchos de los caminos trazados no van con nosotros. Ante todo paciencia, diría Rainer María Rilke en sus cartas a un joven poeta: “Renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar o ayudar. Nadie. No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo” (Rilke, 1974).
El devocionalismo dice que lo que queremos realmente es lo que tenemos, y al no darnos cuenta de esto, ansiamos diferentes cosas que nos faltan. “Todo el camino místico puede ser concebido como un descubrimiento de lo que está frente a nuestros ojos” (Naranjo, 1994; p.105).
Este descubrimiento de lo que tenemos al frente es revelador. Si no que lo diga el mismo Jorge Luis Borges en su cuento El Aleph: “...vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. Sentí tanta veneración, infinita lástima” (Borges, 1993; p.171).
Este es uno de los millones de testimonios de revelaciones que podemos encontrar de igual magnitud en escritores como Huxley, Whitman, Pessoa y William Blake, así como en maestros espirituales e incluso personas diríamos “corrientes”.
Las experiencias cumbre son momentos de apertura a la experiencia de sentimientos elevados y se caracteriza por un efecto agradable. Cualquier acción perfecta puede ser la fuente, pero también puede ser facilitada por factores ambientales: reuniones con la gente, música, asilamiento, drogas o ejercicios adecuados (Naranjo, 1994; p.106). Las experiencias cumbre son llamados a seguir el camino, el cual ya “iluminado” se nos hace más llevadero. Sin embargo no en todos los casos es así. Muchas personas –sobretodo en psicoterapia- deben continuar su proceso de redescubrimiento trabajando otros aspectos de su ser que aún están atrofiados. Entonces llega la etapa final de este proceso de despertar nuestra conciencia.
III. Proceso de curación-iluminación-desarrollo psicológico
De acuerdo a la experiencia obtenida con la práctica de los diferentes caminos, Naranjo (1994) propone una lista de aspectos coincidentes, que son metas y a la vez acciones internas (p.157):
Cambio de identidad.
Mayor contacto con la realidad.
Aumento simultáneo de la participación y el desapego.
Aumento simultáneo de la libertad y la capacidad de entrega.
Unificación intrapersonal, interpersonal, entre cuerpo y mente, sujeto y objeto, hombre y dios.
Mayor autoaceptación.
Aumento de la conciencia.
Respecto a la identidad, el supuesto gestáltico señala que todo sucede en nosotros pero no del ego sino del organismo (la totalidad interdependiente de nuestros procesos). En términos jungianos diríamos que nos volvemos lo que ya somos sin darnos cuenta (En: Naranjo, 1994; p.163).
De algún modo, cuando dejamos que las cosas se den sin nuestra intervención racional, parece que todo va por buen camino. Pero para ello se requiere una actitud bien dispuesta en términos interiores, es decir, una conciencia de quiénes somos y cómo somos, y sobre todo percibirnos en unidad con el cosmos, con nuestro cuerpo. “Quien verdaderamente examine su ser y descubra su identidad descubrirá que su yo es una gota de un infinito océano de existencia, que él es un microcosmos que repite todo el macrocosmos, que su alma está unida al alma de todas las cosas y que verdaderamente no hay “yo” sino sólo una unidad de todas las cosas bajo la ilusión de la existencia individual” (Naranjo, 1994; p.168).
Dejar que las cosas fluyan es como ver al agua del río pasar y pasar, o como dice Chuang Tzu: “El hombre perfecto emplea su mente como un espejo: no agarra nada, no rechaza nada, recibe pero no guarda” (En: Naranjo, 1994; p.179). O como bien señala Hui Neng: “Cuando vemos la maldad o la bondad de otras personas no nos sentimos atraídos, tampoco repelidos ni apegados, de manera que nuestra actitud mental es tan vacía como el espacio” (ídem; p. 180).
Borges (1993) aporta su visión de inmortalidad cuando dice que “Ser inmortal es ser baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible es saberse inmortal”(p. 21). Y luego agrega: “He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto” (p.21).
Entramos en la última fase del camino trazado: el abandono, o más bien, la muerte y renacimiento místico, mediante el cual deja de existir el ser externo y nace en su lugar el ser interno. Este abandono requiere entrega, y esa entrega es la extinción del ego, del yo, de mi individualidad, lo que se conoce como “nirvana” para los budistas, “muerte en Cristo” para los cristianos o “fana-f’illah” para los musulmanes. La recompensa de semejante entrega es reconocer a dios en nosotros:
“No necesitaís buscar. ¡Él es vosotros, en verdad!
¿Porqúé buscáis lo que nunca se perdió?
¡No hay nada más que vosotros, no tengáis dudas!”
(Shams Tabriz, en: Naranjo, 1994; p.169).
IV. Unidad de la experiencia: El camino creativo-artístico
Luego de exponer el modelo de Naranjo, tomamos una unidad experiencial y la explicamos, con el fin de ejemplificar su metodología y a la vez mostrar lo que a mi parecer sería mi camino
[5].
El camino creativo comparte el énfasis “experimentalista ” con el camino negativo, pero se diferencia de él por su confianza en la individualidad y el descubrimiento, lo cual es una actitud paralela al enfoque afirmativo, no ascético y no disciplinario de la acción. “Deriva de la creencia de que todos los deseos son en el fondo expresiones divinas, y el individuo descubrirá lo que es bueno para él sin necesidad de trabas” (Naranjo, 1994; p.121). Max Jiménez (1982) lo devela en su novela “El domador de pulgas”: El alma de un artista es como la inquietud de una mano de ciego: los objetos descubiertos por la vista de la mano, son como la realización de la obra de arte, que van confirmando la existencia” (p.325).
En el ámbito de los sentimientos este camino está muy próximo al enfoque paralelo de la auto-expresión no intervensionista (opuesta al devocional) que confía en el principio de que la verdad-sentimiento oculta del individuo se actualizará a sí misma de forma natural si se la deja salir en una atmósfera de aceptación sin prejuicios. Estos tres planteamientos constituyen lo que los hindúes han llamado el “sendero de la mano izquierda”. Uno de sus supuestos es que, desarrollando su aspecto más evolucionado, el individuo alcanzará el punto de desbordamiento y superará su estado presente. En vez de esforzarse por la transformación, la persona es incitada a aceptar lo que es y a seguir sus tendencias.
De acuerdo a esto, el camino creativo es una filosofía de confianza en la naturaleza propia, de rendición a la sabiduría experimental del organismo, un espíritu de festejar más que de ayunar, como los judíos hasidas o el yoga tántrico, o como Whitman (1995), en su Canto a mí mismo:
“Yo me celebro y me canto, y de lo que me apropie te debes apropiar, pues cada átomo mío te pertenece... que todo hable sin importarme el riesgo, a la naturaleza sin frenos con su energía originaria” (p.37).
Se trata de un enfoque “democrático” en cuanto que “el reino de los cielos” tenemos que encontrarlo por sí mismos adentro nuestro, porque “Los caminos son tantos como las respiraciones de un hombre” reza un dicho sufí, o como decía Alejo Carpentier: en el reino de este mundo.
Dice Ehrenzweig que el arte nos proporciona mucho provecho, gracias a una estrategia que derrota nuestra censura: “mantiene ocupada nuestra mente conceptual con su estructura y regularidad mientras que habla a nuestra experiencia directa desde su irregularidad o, lo que es lo mismo, mientras distrae nuestro ego con su forma, consigue llegar a nuestro inconsciente desde su no-forma” (En: Naranjo, 1994; p.201).
Si no fuera por esta no-forma, ¿cómo explicar un texto de William Blake? En “El matrimonio del cielo y el infierno” dice que “Si las puertas de la percepción estuviesen claras, todo se nos parecería tal cual es: infinito” (Blake, 2001, 229).
El caso de este poeta británico merece nuestra atención, pues más que hacer poesía, hacía verdaderas revelaciones místicas:
1. El hombre no posee un cuerpo distinto del alma; pues lo que llamamos cuerpo es una parte del alma percibida por los cinco sentidos, principales entradas al alma en esta era.
2. La energía es la única vida y procede del cuerpo, y la razón es el límite o circunferencia exterior de la energía.
3.La energía es gozo eterno (Blake, 2001, p.221).
El artista
[6] –según las tradiciones hinduistas-, después de la purificación ceremonial, tiene que dirigirse a un lugar solitario. Allí tiene que celebrar el “Oficio Séptuple”, comenzando con la invocación de los espíritus de los Budas y Bodhisattvas y la ofrenda de flores reales o imaginarias a ellos. Luego debe realizar en el pensamiento las cuatro formas de amistad, compasión, simpatía e imparcialidad. Más tarde ha de meditar sobre el vacío (sunyata) o no-existencia de todas las cosas, ya que, por el fuego de la idea de abismo son destruidos sin posibilidad de recuperación cinco factores sobre la conciencia del ego. Sólo entonces deberá invocar a la divinidad deseada pronunciando la palabra invocadora apropiada (bija) y deberá identificarse completamente con la divinidad que se represente. Entonces, finalmente, al pronunciar el dhyana mantra, en el que se definen los atributos, la divinidad aparecerá visiblemente, como un reflejo o como un sueño y será imagen brillante en el modelo del artista.
Este ritual oriental representa la visión mística que está implícita en todo artista verdadero. Todo arte es ritual en el sentido en que para experimentarlo debemos identificarnos con él. La esencia del ritual radica en la combinación de un símbolo integrador (un arquetipo, diría Jung) con la técnica de identificación mediante la cual, dándole nuestra vida, podemos descubrir parte de nuestra existencia.
Como menciona El libro tibetano de los muertos: “Reconociendo el vacío de tu propio intelecto estás en el estado búdico y, sabiendo que a la vez es tu propia conciencia, deberías permanecer en el estado de la mente divina del Buda” (En: Naranjo, 1994; p.221).
Gurdjieff señala que la fusión, la unidad interna, se obtiene por medio de una fricción, de una lucha entre el si y el no en el hombre. Si un hombre vive sin lucha interna, si todo sucede en él sin ninguna oposición, si va adonde le lleva la corriente o adonde sopla el viento, permanecerá tal como es. Pero si comienza en él una lucha, y sobretodo, si hay una línea definida en esta lucha, entonces, gradualmente se empezarán a formar rasgos permanentes, esto es, empezará a cristalizarse (p. 226).
Muchos poetas se han denominado “enviados de dios”, desde los profetas del antiguo testamento hasta los vanguardistas del siglo XX como Huidobro cuando planteó el creacionismo y se inmortalizó con aquello de que “el poeta es un pequeño dios”, o Debravo, que encontraba a dios en las cosas más simples, igual que los maestros del haiku
[7], que resumían el “aquí y ahora” e tres versos de diecisiete sílabas. Incluso Octavio Paz decía que “La creación poética es un misterio porque consiste en un hablar de los dioses por boca humana” (Paz, 1998; p.161).
La experiencia catártica del arte se posibilita gracias a la participación simbólica en lo que no se arriesgaría a vivir. De esta forma, el arte juega un papel que a la vez recuerda al hombre sus sentimientos más profundos y, por lo tanto, lo mantiene vivo y sustituye su expresión directa por la experiencia ajena. Si la expresión y participación simbólicas son un puente al inconsciente, serán tan sólo parte de ese puente que necesita explicitación de la experiencia o desimbolización. Como menciona Naranjo (1994) “No puede haber duda acerca del potencial del arte seguido de la meditación o la reflexión adecuada y éste es indudablemente el camino natural del verdadero artista” (p.257-258).
Pero esta visión también conlleva el peso de la “revelación”. Jiménez (1982) lo deja claro: “El destino de un artista es algo así como la conciencia de lo eterno, conciencia de pasado y futuro en presente. Un pasado estático que existe dentro de los artistas como un castigo de raza, y que lo llevan aun sin haberlo vivido” (p.325). Pero más que esto, agrega Max, la primera pregunta que se debe hacer el artista es ¿Cuál es el derecho que tiene para ejercer el misticismo de las artes?
Al expresarnos o realizarnos, es decir, al volvernos reales, pasamos del estado de potencialidad al de los sucesos substanciales mediante los cuales nos revelamos a nosotros mismos. Esto representa otro aspecto del valor de las artes en el proceso de desarrollo, especialmente cuando no se consideran como un medio para un fin externo, sino como una ocasión para el auto-descubrimiento.
En la percepción artística –que ilustra la conciencia, la empatía y la diferenciación exaltadas, la experiencia de “yo soy esto” y la de “yo no soy eso” (una experiencia descrita en psicología del arte como “distancia estética”) van juntas. La conciencia revela “la verdad que me hace libre”. Ya comentamos la conexión entre conciencia y auto-aceptación porque podemos amar sólo lo que conocemos, siendo el conocimiento un acto de conciencia (p.271).
Meher Baba dice que cualquier acción que exprese los verdaderos valores de la vida contribuye a la desintegración del ego, que es un producto de siglos de acción ignorante. La vida no puede estar aprisionada permanentemente en la jaula del ego. En algún momento tiene que luchar por la Verdad. En la madurez de la evolución llega el descubrimiento trascendental de que la vida no puede comprenderse y vivirse totalmente mientras se le haga girar en torno al eje del ego. El hombre es conducido entonces por la lógica de su propia experiencia para encontrar el verdadero centro de experiencia y para reorganizar su vida según la Verdad. Esto trae consigo el agotamiento del ego y su sustitución por la conciencia de la Verdad. “La desintegración del ego culmina con la comprensión de la Verdad. El núcleo falso de samskaras
[8] consolidados debe desaparecer para que haya una verdadera integración y plenitud de vida” (Naranjo, 1994; p.254).
La superación del ego es, desde este camino de la palabra, algo que se debe dar con naturalidad. Es así como lo explicita la gran poeta costarricense Eunice Odio cuando dice que “Si el Nirvana está en el camino de la poesía, el poeta lo halla sin buscarlo (Liscano, 1975; p.90)”.
Cierro, como cierra quien deja las puertas abiertas después de entrar a su casa, y encuentra solamente el papel y la tinta, en este caso de Reinaldo Arenas (1982):
“De modo que caíste en el veneno de la literatura y revolviste polillas y papeles sin encontrar nada. Y todo no fue más que una suma de interrogantes no contestadas que agitaron más tus inquietudes ya habituales. Y quisiste saber. Y preguntaste. Y seguiste investigando sin que nadie te pudiera decir nada, sino que dejaras esas lecturas que mucho tenían de sacrilegio y de locura. Y así fue como empezaste a pronunciarte contra todos los que te criticaban. Y así fue como empezaron a desaparecer de tu celda (no sé gracias a qué pudorosas manos) los causantes de tan lamentable desequilibrio… Caíste en ese pozo sin escapes que son las letras y te sentiste cada vez más solo y melancólico. Y te fuiste declamando, a través de puertas irreales, e investigando sobre cosas de las que muchos ignoraban su existencia. Así, en tus meditaciones, saltabas a medianoche de la cama y con grandes gestos mudos te desplegabas por los aleros altísimos, por sobre las tejas más cercanas al vacío y por sobre las crujientes y peligrosas canales de donde te vino a sacar un mensajero de Su Ilustrísima” (p.49-50).
Conclusiones
(De: Naranjo, 1994 )
La mayoría de los tipos de meditación implican un esfuerzo doble: el cultivo del silencio interno y un estado de receptividad de aspectos sutiles (p.177).
Descenso al fondo de la mente: experimentando dos aspectos de la conciencia: “he aquí otra parte de mí” y “he aquí algo que manejaba desde atrás y ahora puedo ver su rostro, puedo estar por encima de ello” (p.224).
Lo que analizamos como búsqueda de la verdadera identidad (la experiencia de ser uno mismo en vez de vivir conforme a una imagen identificándose con ella) requiere contacto con el yo, un contacto que es conciencia (p.271).
Cuanto más automática o condicionada es la existencia habitual, más importantes son las experiencias nuevas para poner en acción su conducta no programada y ofrecer un reflejo de cómo es su individualidad (p.274).
El estado final que buscan las diferentes tradiciones, escuelas o sistemas de discusión es un estado que se caracteriza por la experiencia de apertura a la realidad en todo momento (p.277).
En la experiencia de auto-aceptación el “yo” no significa una idea preconcebida sino la propia realidad experimentada en cada momento (p.277).
Por encima de todo está la experiencia de experimentar, porque esto es lo que significa la conciencia (p.277). Y como es un asunto personal, no puede ser definido sino vivenciado.
Bibliografía
Arenas, Reinaldo (1982). El mundo alucinante. Caracas: Monte Avila Editores.
Blake, William (2001). El matrimonio del cielo y del infierno. Madrid: Hiperión.
Borges, Jorge Luis (1993). El Aleph. Madrid: Emecé.
Coleman, Daniel (1997). Los caminos de la meditación. Barcelona: Kairós.
Jiménez Huete, Max (1982). Obra literaria de Max Jiménez. San José: Universidad Autónoma de Centro América.
Liscano, Juan (1975). Antología de Eunice Odio. San José: Editorial CR.
Naranjo, Claudio (1994). La única búsqueda. Hacia una metodología comparada de los caminos de la conciencia. Málaga: Sirio.
Paz, Otavio (1998). El arco y la lira. México: Fondo de cultura económica.
Rilke, Rainer María (1974). Cartas a un joven poeta. Buenos Aires: Siglo Veinte.
Whitman, Walt (1995). Canto a mí mismo. Madrid: M.E. Editores.
Palabra tibetana que transmite el flujo vivo de la fuerza.
Para este estudio se seleccionaron sesenta planteameintos de una lista inicial de más de ciento cincuenta. Algunos eran recientes (terapia gestalt, bioneregética, grupos de integración estructural), otros clásicos (hatha yoga, tai chi chuan za-zen) y otras variaciones de ambos (relajación progresiva, terapia psicodélica, teatro de improvisación). Todos tenían en común un valor potencial intrínseco.
Cada uno de estos caminos tiene sus propias especificaciones, para cuya profundización recomendamos la lectura detallada del capítulo tres del libro de Naranjo (ver bibliografía).
El Subud es el ejercicio de harmonización por excelencia, porque pretende ser un acto de rendición a la voluntad divina desde dentro como se percibe en el momento.
Parte del objetivo trazado en este trabajo es descubrir mi propio camino, lo cual refleja el carácter vivencial con que se ha asumido.
Para más detalles ver: Daisetz Susuki (1982): Occidente y oriente, conferencia sobre budismo zen. En: Budismo zen y psicoanálisis. México: Fondo de cultura económica. También Octavio Paz en su introducción a Sendas de Oku.